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Viaje del Papa a Armenia

El Pontífice dijo que la matanza de armenios a manos de los turcos “inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado”. Y que tuvo “aberrantes motivos raciales, ideológicos y religiosos”.

Erevan. El papa Francisco conversa con el presidente de Armeniam Serzh Sargsyan. (EFE)

Erevan. El papa Francisco conversa con el presidente de Armeniam Serzh Sargsyan. (EFE)

 

Por Daniel Vittar

El papa Francisco dejó en claro ayer que su visita a Armenia tiene el objetivo geopolítico de marcarle los límites a Turquía, defender las comunidades cristianas-católicas en el mundo, y encarar una difícil misión pacificadora en esta región caliente donde las armas están cargadas y listas para la guerra.

Frente al presidente de Armenia, Serge Sargsián, y a las cámaras de centenares de periodistas de todo el mundo, el Pontífice volvió a repetir una palabra que irrita sobremanera a los turcos: “genocidio”. Fue de una manera puntual, intencionada, dirigida al corazón de Ankara.

Previamente, el Vaticano discutió sobre la necesidad o no de utilizarla en el discurso, según contó el vocero papal, Federico Lombardi. En el texto original no figuraba ese término, pero Francisco decidió usarlo. Antes de hacerlo recurrió al lenguaje propio de los armenios y lo llamó “Metz Yeghérn” (el Gran Mal).

“El Metz Yeghérn, que azotó a vuestro pueblo y causó la muerte de una gran multitud de personas”, dijo el papa en el palacio presidencial en Ereván, la capital armenia, ante el presidente Sargsián y el cuerpo diplomático. “Aquella tragedia, aquel genocidio -le agregó al texto original-, inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado causada por aberrantes motivos raciales, ideológicos o religiosos, que cegaron la mente de los verdugos hasta el punto de proponerse como objetivo la aniquilación de poblaciones enteras”.

Uno de los mensajes más duros que se escucharon de un jefe de Estado hasta el momento. Sus palabras provocaron la simpatía inmediata de todos los armenios. Es la segunda vez que Jorge Bergoglio habla del “genocidio armenio” cometido por los turcos. Lo había hecho el año pasado, aunque de una manera más liviana, y le costó una crisis diplomática con Turquía, que nunca reconoció la brutal matanza.

El genocidio armenio tiene un paralelo con el Holocausto judío, en el sentido de que una Nación poderosa buscó exterminar a toda una raza diferente. Comenzó al inicio de la I Guerra Mundial, en 1915, y concluyó en 1924. Se cree que murieron 1.500.000 armenios.

Cuando un sector político renovador llamado los Jóvenes Turcos accedieron al poder en el Imperio Otomano, detuvieron a 600 miembros de la comunidad armenia en Estambul, y luego firmaron una orden de deportación de toda la población armenia. Familias enteras debieron marchar al exilio por desiertos inclementes, sin contar con agua ni comida. Durante la marcha fueron hostilizados por milicias turcas y bandoleros. Los que no murieron asesinados a balazos, lo hicieron por hambre y sed.

La gran diáspora armenia es producto de esta brutal masacre. Hoy en día los armenios no llegan a tres millones en su país, mientras en el exterior hay casi 8 millones. Ningún gobierno turco reconoció esta atrocidad, que se difundió poco. Pero ahora vuelve a cobrar vigencia, especialmente con el gobierno islámico turco de Recept Erdogan, quien lo utiliza como recurso de unión de sectores nacionalistas.

Turquía es hoy en día una gran potencia regional, que creció con el apoyo de Europa y Estados Unidos, debido a que durante décadas marcó las fronteras con las ex repúblicas soviética. Pero el socio “tolerado” por Occidente se volvió peligroso, y empezó a practicar un controvertido juego de dominio en la región contra viejos enemigos, como Irán y Siria. Tuvo una actitud permisiva con los terroristas del ISIS -inclusive se descubrió que facilitaba armas a los extremistas-, para derrocar al régimen de Bashar al Assad.

Por otro lado tiene un vínculo económico y político muy directo con Azerbaiján, país que mantiene una largo conflicto con Armenia por el dominio de Nagorno Karabaj. Este problema tiene un par de décadas y provocó una sangrienta guerra entre 1988 y 1994, que dejó cerca de 30.000 muertos. Nagorno Karabaj es un enclave montañoso rodeado por territorio azerí, pero su población es mayoritariamente armenia. Cuando su parlamento votó a favor de la unión con Armenia, la república de Azerbaiján, de mayoría musulmana, se negó a aceptarlo y comenzaron los enfrentamientos. Desde esa fecha Turquía cerró su frontera con Armenia.

Hoy hay un acuerdo de no agresión, pero continúan los choques armados ya que no se firmó la paz. Hay negociaciones en curso lideradas por varias potencias. Ambos países están armados, y Turquía apoya abiertamente a Azerbaiyán. Rusia, un antiguo socio de ambas ex repúblicas soviéticas, está negociando un acuerdo para evitar que el conflicto termine como la guerra de los Balcanes.

Es en ese complicado marco geopolítico que el Papa visita Armenia, un país de cristianos rodeado de musulmanes, dándole el respaldo que necesita y marcándole el límite a Turquía. Pero también buscando un camino que facilite las negociaciones y permita evitar una guerra con consecuencias impredecibles.

 

(Fuente:  http://www.clarin.com/mundo/Francisco-Turquia-citando-genocidio-armenio_0_1601240025.html  y selección de Paloma de la Paz)

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