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Francisco se da un baño de multitudes en el estadio de fútbol de Daejeon, donde le recibieron 50.000 personas.

El Papa previene a Corea del Sur contra «los modelos económicos inhumanos»

AFP
Francisco saluda a su llegada al estadio de fútbol para la misa de la Asunción de la Virgen
 

A base de abrir su corazón y hablar sin pelos en la lengua, el Papa Francisco consiguió ayer poner a los adultos de Corea ante los verdaderos problemas de su país y, por la tarde, desatar el delirio entre millares de jóvenes de 23 países de Asia. El encuentro de los muchachos y muchachas con el Papa tuvo todo el calor y la emoción de la Jornada Mundial de la Juventud el año pasado en Río de Janeiro.

En realidad, Francisco había fascinado a los coreanos ya antes de venir. Su exhortación apostólica «La alegría del Evangelio» ha sido un «best seller» pues muchas personas la compran como una guía para encontrar la felicidad siguiendo el espíritu cristiano de confiar en el Creador y servir a los demás como norma de vida. Han descubierto que el egoísmo amarga la vida mientras que la generosidad les hace mucho más felices.

Con más de cien mil bautismos de adultos cada año, Corea del Sur lidera el mundo en cuanto a incorporación de fieles maduros y activos a la Iglesia católica. Se vive el cristianismo sin complejos en un país con un diez por ciento de católicos y un 19 por ciento de evangélicos, en unclima de libertad, diligencia y trabajo bien hecho: la fórmula que ha hecho de Corea una potencia económica y tecnológica.

La segunda jornada del Papa tuvo dos escenarios relativamente cercanos geográficamente pero con dos públicos muy distintos. Por la mañana, en Daejeon, Francisco abordó con respeto pero con toda claridad los problemas que afloran en uno de los países más dinámicos y prósperos de Asia. Con la fortaleza de un padre, invitó a los surcoreanos a rechazar los «modelos económicos inhumanos que crean nuevas formas de pobreza y marginan a los trabajadores» y también lamentó el «espíritu de desesperación» que lleva al suicidio de muchos jóvenes. El Papa aseguró que desea «que los jóvenes puedan combatir el encanto de un materialismo que ahoga los auténticos valores espirituales y culturales, así como el espíritu de la competencia desenfrenada, que genera egoísmo y lucha».

Ayer era la fiesta nacional de Corea del Sur, que conmemora la rendición del Japón –despiadado ocupante desde 1910– y el final de laSegunda Guerra Mundial. La misa con más de cincuenta mil católicos en el moderno estadio de fútbol de Daejeon celebraba, además, la fiesta de la Asunción de María. Como el día amaneció con mucha bruma, en lugar de volar en helicóptero, el Papa y sus acompañantes tomaron un tren bala a Daejeon, en el centro del país, para la primera ceremonia religiosa de este viaje, orientada a los católicos de Corea y de toda Asia.

Consuelo a las víctimas

El Santo Padre desató un entusiasmo electrizante a su entrada en el estadio en un «papamóvil» blanco descubierto, del que bajaba de vez en cuando para saludar a los fieles cercanos. Antes del comienzo de la misa, el Papa mantuvo un encuentro con ocho jóvenes supervivientes y dos padres de víctimas del naufragio del ferry «Sewol», que costó la vida el pasado mes de abril a casi trescientos escolares en viaje de excursión.

Lee Ho-jin, de 62 años, perdió a su hijo y realizó como acto de piedad una peregrinación de 900 kilómetros con una cruz de madera a cuestas entre los lugares de nacimiento de su hijo y el de embarque para la travesía fatal. Lee lleva dos años estudiando el cristianismo y pidió al Papa que le bautice. El Santo Padre aceptó enseguida y, según informo el portavoz del Vaticano, Francisco le bautizará hoy sábado en la nunciatura antes de dirigirse a la misa de beatificación de 124 mártires en la plaza principal de Seúl.

El Papa almorzó ayer con una veintena de participantes en la Jornada Asiática de la Juventud, incluida la popularísima cantante coreana Boa Kwon, la única persona no japonesa que ha ganado dos discos de oro en el país del Sol Naciente. Boa es la embajadora de la Jornada Asiática de la Juventud.

Por la tarde, el Papa voló en helicóptero a Solmoe para reunirse con los seis mil participantes en este encuentro que, a diferencia de las Jornadas Mundiales de la Juventud como la de Madrid o la de Río de Janeiro, no reúnen a simples fieles sino a líderes de movimientos y actividades juveniles. Es decir, a personas inteligentes y activas como Kim Daejeon, el primer santo coreano, cuya casa en Solmoe, cuna de la evangelización del país, visitó el Papa. Al descubrir el Evangelio, Kim se fue a pie hasta Macao para estudiar teología y ordenarse sacerdote. Volvió enseguida a su país, donde fue martirizado a los 25 años de edad y trece meses como sacerdote.

Durante su cita con los jóvenes, el Santo Padre escuchó y respondió sus preguntas. A Smey, una chica camboyana indecisa entre una posible vocación religiosa y su deseo de terminar la carrera para poder ayudar a muchas personas, el Papa le contestó con un comentario dirigido a todos: si es el Señor quien llama, lo mejor es preguntarle «¿Qué deseas de mí?» en el silencio de la oración. El Papa preguntó a todos los presentes: «¿Estáis dispuestos a decirle que sí?». Y recibió como respuesta un aplauso atronador.

También en este encuentro, Francisco habló de «la creciente desigualdad en nuestras sociedades entre ricos y pobres». Y les previno contra ella. «Vemos signos de idolatría de la riqueza, del poder y del placer, obtenidos a un precio altísimo para la vida de los hombres», aseguró Francisco en inglés. Después, el Santo Padre les habló de un aspecto central del cristianismo: ser «fermento de unidad de toda la familia humana, en una unidad que no armoniza sino que respeta las diferencias».

Discurso improvisado

Durante el acto con los jóvenes, Francisco pareció cansarse de leer el discurso en inglés y empezó a dirigirse de manera improvisada a su entusiasmada audiencia en italiano. «¿Queréis que siga? ¿No estáis cansados?», les espetó el carismático Papa mientras los jóvenes mostraban la frase «love you» (te queremos) en sus «smartphones». En ese ambiente, Francisco les pidió un momento de silencio pararezar por los vecinos de Corea del Norte, «para que Dios os ayude a ser una sola familia de nuevo, sin perdedores o ganadores».

Hoy, el Papa presidirá la beatificación de 124 mártires coreanos en Seúl. Por la tarde acudirá a la «Colina de las flores» en Kkottongnae, el enorme centro de ayuda a enfermos, refugiados y marginados, que simboliza lo mejor del corazón acogedor de Corea.

 

(Fuente:  www.abc.es/sociedad   y selección de Paloma de la Paz)

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