Skip navigation

El Santo Padre dio un solemne discurso en la ceremonia del inicio de su Pontificado; lo acompañaron miles de personas con banderas y consignas e incluso el himno argentino

Por Elisabetta Piqué  | LA NACION

ROMA.- “Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su vértice luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y recibir con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños”.

En la solemne misa que marcó el inicio de su ministerio petrino, Francisco, el primer papa argentino, volvió a dejar en claro su misión como Papa, una misión de servicio. “Sólo el que sirve con amor sabe custodiar”, remarcó.

En una homilía que pronunció en italiano ante cientos de miles de fieles, delegaciones de 132 países -entre las cuales estaba la Argentina, encabezada por Cristina Kirchner-, también pidió “por favor” a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, que sean «custodios» de la creación, del “designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente”.

“No dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Para «custodiar» también tenemos que cuidar de nosotros mismos”, siguió, al recordar que “el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida”.

“Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”, sentenció el primer papa argentino.

Al principio del sermón, al comentar la figura de José, patrono de la Iglesia y cuya fiesta se celebra hoy, destacó la misión del esposa de María: la de “custos”, custodio.

“¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende”, explicó. “¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia?”, preguntó el papa Francisco. “Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio (…) Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu”, subrayó.

“José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas”, continuó. “En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación”, exhortó.

Francisco, que recibió el palio -la bufanda de lana de cordero que simboliza al pastor que cuida a sus ovejas- y el anillo del pescador, después de venerar la tumba de San Pedro, al principio de su sermón recordó a su predecesor, Joseph Ratzinger, de quien se cumple hoy el onomástico. “Le estamos cerca con la oración, llena de afecto y reconocimiento”, dijo, desencadenando un aplauso en la Plaza.

En una misa concelebrada por cardenales y patriarcas orientales, en latín, con el Evangelio cantado en griego, Bergoglio pronunció su sermón en italiano. Girando en torno al concepto de “custodiar”, explicó que la vocación de custodiar “no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos”.

CUSTODIOS DE LA CREACIÓN

“Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra San Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”, sentenció. “Sean custodios de los dones de Dios”, pidió, desencadenando aplausos en la Plaza.

Francisco, que se llama como el santo de los pobres, recordó que cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, “entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido”. “Por desgracia -admitió-, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer”

Francisco insistió una y otra vez que “el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, ternura , que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor”. “No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”, clamó.

Al final de la homilía, destacó que hoy, junto a la fiesta de San José, se celebraba el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, lo cual “comporta también un poder”.

“Pero ¿de qué poder se trata?”, se preguntó. Y respondió: “nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio”. Francisco vestía una casulla simple y sus zapatos gastados negros, volviendo a demostrar que se resistira todo lo posible a la pompa vaticana. Recordó que el Papa debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y recibir con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños. “Eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar”, insistió.

Finalmente, Francisco dijo que hoy, ante tantas nubes grises, “tenemos que ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza”. “Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios”.

Y terminó indicando la misión del Papa: “Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado”. En un clásico de padre Jorge Bergoglio, Francisco terminó su sermón con un pedido: “recen por mí”.

EL HIMNO, BANDERAS Y PANCARTAS EN LA PLAZA

La Plaza San Pedro se había llenado desde temprano por por fieles de todo el mundo, pero especialmente por argentinos con banderas albicelestes y de San Lorenzo, el club de los amores del Papa. Una pancarta de San Lorenzo era inmensa. También se destacaba un cartel de la comunidad judía -presente con diversas delegaciones, al igual que la comunidad musulmana y de otras religiones-, que decía “Shalom” (paz). La excitación era inmensa, al punto que los compatriotas, que llegaron desde diversas provincias, hasta cantaron el himno nacional.

Francisco irrumpió en la Plaza a las 8.45 locales (cuatro horas menos en la Argentina), por primera vez subido al papamóvil. Subido a este jeep blanco, por 20 minutos dio vueltas a la Plaza, siendo ovacionado y vivado por una marea humana en júbilo. En otro gesto que cautivó al público, saliéndose del protocolo y enloqueciendo a sus ángeles guardianes, en un momento hizo detener el jeep blanco para bajarse a abrazar y bendecir a un discapacitado y a un niño. “Viva el Papa!”, “Viva Francesco!”, gritaba la gente.

Después la misa, Francisco, ya sin paramentos, vestido de blanco, saludó durante más de una hora y media a los jefes de Estado y gobierno, cabezas coronadas, príncipes heredores de las 132 delegaciones de todo el mundo presente. La primera en saludarlo fue la presidenta, Cristina Kirchner, que lució muy emocionada. También estuvo Máxima, princesa de Holanda y futura reina.

Cristina Kirchner se mostró conmovida al saludar al flamante papa Francisco  El papamóvil de Francisco, un todoterreno de Mercedes Benz  El primer beato del papa Francisco podría ser un sacerdote argentino asesinado en dictadura

Máxima y Guillermo dieron un afectuoso saludo al Papa Francisco se bajó del papamóvil para saludar a un joven discapacitado

El Papa saludó a sus fieles argentinos: 'Sé que están rezando, gracias por las oraciones'

 

Francisco sonrió y habló con todos, estrechó manos, con paciencia. Cuando terminó, estalló un aplauso intenso en la Basílica. Pero él, fiel a su estilo, siguió saludando, esta vez a los que no eran famosos, a curas anónimos y funcionarios del Vaticano, felices por ese Papa del fin del mundo que seguirá dando sorpresas..

(Fuente:  http://www.lanacion.com.ar/1564825-el-verdadero-poder-es-el-servicio-subrayo-francisco-en-la-misa-de-su-asuncion y selección de Paloma de la Paz)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: