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051209
 
Puntos importantes para entender el camino budista

Algunas ideas erróneas sobre el budismo

 

El "despertar" budista no es debido a una revelación divina, sino que se produce como un descubrimiento directo y personal de la realidad última. Un Buda no es un dios, ni un mesías, ni un profeta. El budismo no afirma a un creador del universo como causa última de la realidad, y sus enseñanzas no son percibidas por sus seguidores como dogmas.

Véase también: No-yo

El problema del que parte el budismo

El propósito del Budismo es la erradicación definitiva del sufrimiento, insatisfacción vital, o descontento que se manifiesta de manera inevitable en uno u otro momento de la vida. Acorde al pensamiento budista, la causa de la insatisfacción (frustración, tensión, etc..) es el deseo (‘sed‘ entendido como los movimientos de la voluntad para la aproximación o el rechazo, surgiendo aferramiento, aversión, temor, etc…).

Todas estas ‘pasiones‘ se desarrollan por un "yo" que es vivido como totalmente existente y que de ese modo los padece. Pero debido a que el "yo" es una entidad que depende de varios factores para poder existir, es considerado en el budismo como una ilusión que depende de ellos. Es por tanto un efecto que surge de la ‘ignorancia‘, es decir, de una percepción errónea de la vida, la existencia y el ser. El "yo" es por tanto mantenido como el resultado de un proceso continuo de cinco agregados que varían a cada instante.

 

Cuándo estaría solucionado el problema según el budismo

El cese definitivo de este problema se da, según el budismo, tras el ‘despertar‘, que ocurre como resultado del cultivo (Bhavana) de las enseñanzas de Buda. Este despertar supone el cese de una errónea posición respecto a la realidad y la vida. Este cese se produce según algunas escuelas budistas mediante un aprendizaje progresivo y según otras mediante un aprendizaje centrado en la intuición y la espontaneidad. Ese cese (Nirvana) implica que la persona ‘se da cuenta‘ por él mismo de manera directa de la verdadera naturaleza de la realidad y de él mismo. El despertar consiste pues en la experiencia directa más allá del entendimiento intelectual de que los objetos y fenómenos de la realidad (incluida la propia persona) no existen exactamente de la manera en que eran vividos anteriormente.

Esta experiencia de transformación lleva a un nuevo estado no expresable con conceptos o palabras; en donde se alcanza el potencial innato ‘desvelando‘ una profunda e inherente sabiduría y compasión por todos los seres vivos.

 

 Cómo propone el budismo resolver el problema. La práctica

Al ser imposible explicar con el lenguaje este nuevo estado, las enseñanzas resaltan que sólo pueden señalar o indicar al seguidor cómo alcanzarlo por sí mismo. Con este fin, el budismo prescribe un método, o ‘camino‘, con el que se intenta evitar los extremos de una búsqueda excesiva de satisfacción por un lado, y de una mortificación innecesaria por el otro. Este camino comprende la sabiduría, la conducta ética y el entrenamiento o cultivo de la ‘mente y corazón‘ por medio de concentración, atención y la plena consciencia del instante presente de manera continua.

 

Las Tres Características de la Existencia (Tri-Laksana)

Artículo principal: Tri-Laksana

(en sánscrito) Las Tres Marcas, Los Tres sellos, Las Tres Realidades

Esta enseñanza fundamental del budismo explica cómo es la naturaleza de los fenómenos y objetos del mundo percibido, los cuales poseen tres características universales:

  • Sabbe Samkhara Anitya: transitoriedad, cambio o inestabilidad.
  • Sabbe Dharma Anātman: insustancialidad, "no-yo intrínseco" o inexistencia de un sí-mismo inmanente.
  • Sabbe Samkhara Duḥkha: cualidad de producir descontento o insatisfacción.

La práctica budista considera que la liberación del individuo no consiste únicamente en un conocimiento lógico, teórico o intelectual de estas tres realidades, sino en su comprensión y aceptación interna, auténtica y plena

 Karma: Causa y Efecto

Artículo principal: Karma
(en sánscrito) Causalidad, Ley de causa y efecto. Acción intencional o volición. Semilla. Condicionamiento.

Según el budismo, toda acción intencionada (karma) crea uno o varios efectos que aparecen cuando las circunstancias son proclives, a lo que se llama maduración (vipaka) o fruto (phala). El karma en aplicación a la doctrina budista se refiere a cualquier acción de habla, cuerpo o pensamiento. Por tanto los movimientos ajenos a la volición o la intencionalidad – como ocurre en el caso de actos reflejos – son neutrales kármicamente. Sin embargo, cualquier movimiento de la voluntad es karma aunque no sea consciente.

El "buen" y "mal" karma se distinguen de acuerdo a la raíz de las acciones. En el Kukkuravatika Sutta Buda clasifica el karma en 4 grupos:

  • 1 – oscuro con resultado oscuro.
  • 2 – brillante con resultado brillante.
  • 3 – oscuro y brillante con un resultado oscuro y brillante.
  • 4 – ni oscuro ni brillante con un resultado ni oscuro ni brillante.

La oscuridad (el mal) no puede dar lugar a un brillante (feliz) resultado, pero aun así el karma puede estar mezclado debido a una variedad de motivos buenos y malos.

El karma en el budismo explica también las diferencias por las que los seres tienen una vida más o menos larga, riqueza, belleza, salud o sabiduría. En el Cula-kammavibhanga Sutta Buda explica que éstas cosas no existen por casualidad sino por el karma. El karma es una ley para explicar un mecanismo en el que está ausente un ser conciente que juzgue. Así, en el Mahakammavibhanga Sutta Buda explica los 4 tipos de personas que deben distinguirse respecto al karma y su destino previsible:

  • 1 – quien hace el mal y va a un infierno, estado de deprivación o un renacimiento inferior.
  • 2 – quien hace el mal y va a un cielo, estado feliz o renacimiento superior.
  • 3 – quien hace el bien y va a un cielo, estado feliz o renacimiento superior.
  • 4 – quien hace el bien y va a un infierno, estado de deprivación o un renacimiento inferior.

nótese que cielo e infierno no están expresando exclusivamente el destino tras la muerte, sino estados luminosos y felicidad o bien de oscuridad e infelicidad, que existen también en vida como efectos de acciones previas. El mecanismo del karma supone por tanto un reflejo bastante fiel de la realidad, no siempre considerado justa y en donde a las acciones buenas o malas no les sucede siempre el efecto deseado.

La doctrina de karma budista no es totalmente determinista ni fatalista. Karma no significa destino ni predeterminación, ya que no existe un automatismo ciego en la voluntad respecto a las tendencias mantenidas y no es posible anticipar que ocurrirá. La práctica budista además permite tomar observación y consciencia de este funcionamiento para ocasionar un distanciamiento respecto a esas tendencias. El karma no se debe entender como castigo al igual que tampoco lo hacemos, por ejemplo, con el ADN. Karma es una más de las cinco tipos de condicionalidad o procesos lógicos del Universo (niyamas). Condicionalidad 1. inorgánica, 2. orgánica, 3. psicológica, 4. moral y 5. Trascendental. Estos tipos de condicionalidad son impersonales y no hay intervención divina en ellos. Del mismo modo que la ley de la gravedad no requiere intervención divina. Algunos tipos de condicionalidad son inmutables: ni siquiera un Buda puede escapar de ser afectado una vez que ya nació y tiene un cuerpo.

 

 

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